domingo, 24 de septiembre de 2017

APOLO ENTRE LA MÚSICA Y LA POESÍA



Apolo entre la Música y la Poesía (1860-1869) París

"El verdadero iniciado aprende que el esplendor de la belleza, la bondad y la verdad es sólo el más importante lugar para ser jalados hacia el Silencio, la Oscuridad y el Misterio, es decir hacia el No-Ser.


Apolo es tan hermoso y radiante que no sorprende que se lo tome por lo final, aunque esto último lo trasciende y está equiparado a la ausencia de atributos por lo cual la lengua debe nombrarlo de modo negativo, o sea, agregando la partícula in, como es el caso de in-finito, y de otros vocablos varios vgr: in-nombrable, etc." 

 

Fuente: http://diccionariodesimbolos.com/apolo-helios.htm#diccionario



sábado, 23 de septiembre de 2017

PINTURA Y CALIGRAFÍA ZEN



El Zen también se trasmite a través del cultivo de las artes. La pintura, la caligrafía, la poesía, la música, la danza, el tiro con arco, la esgrima, los arreglos florales o la ceremonia del té constituyen disciplinas de apoyo a la meditación, con las que el alumno ejercita su cuerpo, su psiqué y su espíritu; son, por tanto, actividades ligadas a la propia realización interior del que las practica, dado que estas artes derivan o tienen su origen en la esencia misma del Zen. "La realización original es una práctica maravillosa", afirma un dicho Zen, mediante la cual se experimenta una evolución hacia el punto de vista universal.

La pintura Zen es una síntesis entre la caligrafía, la música y la poesía. En ella se contrapone por un lado la delicadeza de los trazos y la fragilidad de los materiales (papel de arroz, seda, tinta), y por otro, la firmeza y el buen pulso que debe poseer (o desarrollar) el que lo ejecuta. 
Es la impronta, como el fulgor del rayo, lo que debe reflejar el trazo. Esta técnica le da a la pintura la apariencia de obra inacabada, o mejor dicho, no retocada, pues no es el perfeccionismo de la obra lo que la convierte en imagen de la Belleza de las cosas: su verdad, siendo ese trazo inacabado el símbolo con que se sugiere la idea de infinito. Por analogía, siempre seremos más ese trazo que surge espontáneo y natural que cualquier imagen acuñada que tengamos de nosotros, como ser
fulanito de tal, residente en tal lugar, con ideas políticas éstas o aquellas, empresario triunfador o fracasado social. Todo eso son imágenes que no manifiestan nuestra naturaleza, sino una serie de anécdotas que nos hacen aparecer como el producto de un tiempo y unas circunstancias determinadas, pero que en definitiva no son más que contingencias de nuestro ser, es decir, un equívoco que condiciona nuestra verdadera naturaleza búdica.

Cuando se llega a aprehender el sentido de la pintura Zen, el trazo es decidido y sin titubeos, reflejándose en él la tranquilidad de quien está acometiendo una acción guiada por un instinto superior al del simple virtuosismo, pues se trata de sentirse partícipe de un gesto primigenio que se perpetúa en la intención del trazo. Es decir: unidos a la idea que lo contiene, que es anterior a la manifestación de ese gesto.

Ese trazo inacabado o abierto, es un indicativo de las múltiples posibilidades de desarrollo contenidas potencialmente en un único gesto, como símbolo del Trazo Primigenio y por consiguiente un símbolo de la verdad incognoscible, Principio que está más allá de la propia creación. Ese trazo abierto es una sugerencia sutil, pero nítida, que nos pone en condiciones anímicas e intelectuales de advertir que más allá de todas nuestras percepciones, el misterio se abre ante nosotros como una clara realidad. "La mayor perfección -dice Lao Tse- debe parecer imperfecta, entonces será infinita en su efecto; la mayor abundancia debe parecer vacía, entonces será inagotable en su efecto".

A través de la pintura y la caligrafía, se descubre el Zen. El practicante debe integrarse completamente en la obra, como si ésta constituyera una fase de su propia respiración. En el flujo que une la idea o inspiración artística con la propia obra, se halla el hombre como intermediario creador o intérprete, lo cual da a cualquier creación el sentido verdadero de arte. 

En el arte, tomado como vehículo de Conocimiento del Ser, o del Zen, no tiene cabida el artificio estético, ni ninguna otra clase de falseamiento de la obra ya que ésta es, ante todo, el resultado de la comprensión de las enseñanzas adquiridas por el artista y por consiguiente nunca un objeto separado de él, pues ambos (objeto y sujeto, u obra y artista) forman parte de la misma revelación. Esa es la experiencia vital Zen que no necesita, ni seguramente le convienen, mayores explicaciones.

La Cosmogonía es la obra artística por excelencia, su pálpito, que es la vida, está en todo lo que existe y no tiene fin. Toda esa maquinaria celeste y terrestre está al descubierto y al mismo tiempo hoy nos está velado reconocerla. Se dice que antes de estudiar el punto de vista Zen uno ve las montañas como montañas y las aguas como aguas. Una vez se ha alcanzado mayor conocimiento, se comprueba que ni las montañas son montañas ni las aguas, aguas. Y cuando se llega a la substancia y se siente la sorpresa que es la vida, entonces vuelve a ver las montañas como montañas y las aguas como aguas.

La pintura Zen, efímera y simplista (a veces se pinta también sobre hojas de árbol) es al mismo tiempo muy enérgica en los trazos, lo que le da vida y movimiento, consiguiendo reflejar con la misma intensidad tanto el movimiento (yang) como la más reposada quietud (yin), dado que lo que verdaderamente capta el artista Zen no son las formas, sino la vida que fluye en ellas. Estas dos energías, implícitas en todo, se hallan representadas de manera análoga en la simbología de otras tradiciones, lo que indica que en otro tiempo esto era completamente evidente para todos los hombres. Paradójicamente, hoy, no habiendo cambiado nada de esa realidad, los hombres no somos capaces de advertirlo y son necesarios métodos y disciplinas que nos ayuden a recuperar de nuevo esa perspectiva del mundo. Se dice que "la iluminación (la Verdad) existe, y si nada le sugerimos quizá se nos revele como muy diferente". 

En una de sus pinturas, en la que se ve un mono colgado de la rama de un árbol que cae sobre un estanque donde se ve reflejada la luna, el maestro Hakuin, escribió los siguientes versos:

"El mono trata de alcanzar la luna reflejada en el agua.
No se dará por vencido hasta que la muerte le derrote.
Si fuera capaz de soltar la rama y hundirse en el estanque,
El mundo entero brillaría con claridad deslumbrante".


También se pintan historias donde se captan situaciones vividas por antiguos maestros y que constituyen enseñanzas expresadas en forma de leyenda en imágenes, y algunas suelen ir acompañadas de poemas. En una de estas pinturas se ve a un monje calentándose en una fogata alimentada con la madera de una estatua de Buda. Sobre esta pintura se cuenta la siguiente leyenda: "Tan Hsia, un monje vagabundo, llegó a un templo abandonado una noche muy fría de invierno. Soplaba el viento y caía la nieve, Tan Hsia decidió que el mejor servicio que podría prestar a Buda era darle calor, y quemó un Buda de madera que había en el Templo para calentarse". (Notas sobre el Zen. Mª Ángeles Díaz)

jueves, 21 de septiembre de 2017

'HEROIDAS' DE OVIDIO. Episodios Míticos del Ciclo Heroico

Mª Ángeles Díaz

“HEROIDAS” DE OVIDIO
Episodios Míticos del Ciclo Heroico


Introducción. 
Penélope a Ulises (Heroida I)
Filis a Demofonte (Heroida II)
Briseida a Aquiles (Heroida III)
Fedra a Hipólito (Heroida IV)
Enone a Paris (Heroida V)
Hipsípila a Jasón (Heroida VI)
Dido a Eneas (Heroida VII)
Hermíone a Orestes (Heroida VIII)
Deyanira a Hércules (Heroida IX)
Ariadna a Teseo (Heroida X)
Cánace a Macareo (Heroida XI)
Medea a Jasón (Heroida XII)
Laodamia a Protesilao (Heroida XIII)
Hipermestra a Linceo (Heroida XIV)
Safo a Alceo (Heroida XV)
Paris a Helena (Heroida XVI)
Helena a Paris (Heroida XVII)
Leandro a Hero (Heroida XVIII)
Hero a Leandro. (Heoida XIX)
Aconcio a Cipide. (Heroida XX)
Cipide a Aconcio (Heroida XXI)

Todos los capítulos los iremos incorporando al blog.


domingo, 17 de septiembre de 2017

SAFO, LA CANTORA DE MITILENE


Safo. Fresco procedente de Pompeya. Museo Arqueológico de Nápoles.

Platón dice en el Cratilo y también en el Fedón, en una charla con Fedro no lejos de aquí, junto a las antiguas murallas de Atenas o en las inscripciones recogidas en la Antología Palatina, en todos esos lugares el padre de la Filosofía se refiere a Safo como sabia y gran conocedora de los misterios del Amor, de la Poesía y de la Belleza. No de cualquiera el sabio Sócrates afirmaría:

Dicen unos que nueve son las Musas. Qué negligencia. Que sepan que la décima es Safo, la de Lesbos.

Por todo ello Safo a menudo aparece envuelta en una aureola de irrealidad, como si por haber sido apodada Musa nunca hubiera existido, y su nombre sólo fuera el producto de la imaginación de algunos literatos y pintores.

No obstante su obra, aunque terriblemente fragmentada, se impone para aclararlo. Sus nueve libros de poesía y música, dedicados a cada una de las Musas, son textos reales que efectivamente se editaron en Alejandría. Y aunque con el paso de los años, y la intolerancia de unos y otros, estos volúmenes ardieron en las llamas vergonzosas que arrasaron la biblioteca de esa ciudad, junto con otros valiosos y sabios manuscritos, es tal su poética apasionada, su fuerza conmovedora y el laureado estilo alegre con el que crea su literatura, que sus textos trascendieron a otros libros y a otros autores que los citan en sus obras. Especialmente lo hacen cuando hablan de las Musas y de los misterios del Amor, que sin duda le fueron revelados a Safo por Afrodita, a quien la cantora, considera su aliada.
Uno de esos comentaristas y seguidor de la poesía de Safo es Solón, al que Sócrates señala como uno de los «Siete Sabios de Grecia». De él cuenta Estobeo que durante un banquete oyó recitar a un sobrino suyo un canto de Safo. Dicho poema le produjo tal emoción que solicitó al jovencito que se lo enseñara. Cuando éste le preguntó por qué alguien como él quería aprender aquellos versos Solón le contestó:

Para morir llevándolos aprendidos.


Pero, ¿quién es Safo para haber causado tamaña sensación entre gente tan destacada? ¿De dónde le venía la inspiración? ¿Qué significó su famosa escuela para mujeres sustentada en el arte de las Musas? Y, ¿qué nos puede decir su poesía a nosotros, los modernos ciudadanos de este siglo XXI?


Próxima actualización:

La escuela iniciática de Safo, primera Universidad femenina de la Historia
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lunes, 11 de septiembre de 2017

EL MITO DE MEDEA

Este trabajo forma parte de uno más amplio titulado: 

Episodios Míticos del Ciclo Heroico 



Medea en uno de los bellos manuscritos que se conservan de las Heroidas de Ovidio

Jasón tenía encomendada la misión de hacerse con el legendario Vellocino de Oro, que se encontraba muy bien custodiado por Eetes, rey de la Cólquide, en el templo de Marte por lo cual robarlo llevaba aparejado superar tremendos obstáculos como vencer al dragón que protegía el Vellón, pero además debía extraerle los colmillos al monstruo y seguidamente uncir un par de terribles toros que exhalaban fuego por sus fauces y arar con ellos un campo donde debía sembrar los dientes y esperar a que de los surcos nacieran hombres armados con los que debía enfrentarse.

Todas esas pruebas las culminó Jasón gracias a la ayuda que le prestó la princesa Medea, hija de Eetes y sacerdotisa del templo de Diana que poseedora del arte mágico de la hechicería durmió al dragón e hizo invulnerable a Jasón por virtud de sus filtros, pudiendo este y los argonautas llevar a término, o sea superar las pruebas, esto es, uncir los toros al yugo, labrar el campo y luego de sembrado con los dientes del dragón, dar muerte a los gigantes que emergieron armados de una terrible falange.



Medea realizando sus sortilegios mágicos


Medea todo lo hizo por el amor a Jasón del que se enamoró perdidamente y este le correspondió sellándose su alianza en el templo de Diana y con la bendición de Juno. Estas, a decir de Ovidio, son las palabras de Jasón, el héroe cultural, con las que instituye un rito nupcial, que es también un rito de orden.


"que mi espíritu se desvanezca en ligeras brisas antes de que haya alguna esposa, a no ser tú, en mi tálamo. Sea testigo Juno, que preside en las sagradas nupcias, y la diosa en cuyo templo de mármol estamos”. (Heroida XII)

Conseguido el Vellón ambos parten como esposos junto al resto de la tripulación de la nave Argos llevándose con ellos al hermano pequeño de Medea, Absirto. Pero viéndose perseguidos por a el padre, Medea descuartiza al hermano y lanza los trozos en el camino, con lo que obliga al doloroso Eetes a ir deteniéndose a recogerlos. 

El periplo continúa hasta llegar al fin a Corinto donde Jasón y Medea viven diez años de felicidad durante los cuales Medea fue tan respetada por sus conocimientos como admirada por su belleza. Cuenta Ovidio, que en esto sigue a Eurípides, que de este matrimonio nacieron dos hijos hermosos. 


Pero ocurrió que Jasón puso sus ojos en otra, era Creúsa (conocida también como Glauca), la hija del rey de Corinto, y olvidando su promesa repudia a Medea y anuncia su nueva boda, dando una orden de exilio a la que hasta entonces había sido su esposa. 

Medea, humillada, dolida y despechada, y a pesar de reconocer que acabará arrepintiéndose de sus actos no puede, sin embargo, refrenar su ira sino que arrastrada por una irrefrenable ansia de venganza no solo mata a la nueva esposa de Jasón enviándole una túnica y adornos envenenados que corroen su piel en el momento de vestirla, sino que es capaz de ejecutar a su propia prole. 

Los esponsales de Jasón y Medea, 1487. Biagio d’Antonio (Florencia 1472-1516).


Efectivamente la furia que encarna Medea es tan potente que la lleva a matar a los dos hijos habidos con Jasón. Una maldad sin límites, fruto de una locura inducida por vía de sentimientos de cólera, energías poderosas que desencadena una tragedia que Ovidio descubre muy adecuadamente en el alma femenina de Medea. 


Séneca también relató este mito e invocó a través de esta heroína a los dioses vengadores de agravios, a los que perturban el orden constituido y rompen las promesas sagradas.


“Dioses conyugales, y tú, Lucina, guardiana del lecho nupcial, que enseñaste a Tifis a frenar la nueva nave que habría de domar marinas; y tú, duro señor del mar de fondo, Titán, que repartes el claro día al orbe; y tú, Hécate triforme que das de testigo tu resplandor a los callados sacrificios; y vosotros, dioses por los que me juró Jasón (...) diosas vengadoras de agravios...

Desconcertante este arquetipo femenino que conviene conocer muy bien en todos sus niveles, como por otro lado desconcertantes lo son todos los mitos fundacionales ligados a la idea de un ciclo que fenece y otro que busca desarrollarse.


Medea, 1865 | William Wetmore Story

Desde el punto de vista iniciático Medea representa al guardián del umbral de la Magia cuyo poder también puede ser muy destructivo, tal y como expresa el propio drama representado en el mito de la maga Medea.

Federico González dice sobre Medea:

“Como tantos otros elegidos Medea no ha muerto y aguarda en el Olimpo junto con Helena la culminación de un ciclo del que por algún ignoto motivo ellas son mitos importantes, deidades. Hay que tener bastante cuidado”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos voz: Medea

 


Medea en su carro solar


domingo, 10 de septiembre de 2017

Dioniso, retoño de las ninfas


Potamides Ninfas Náyades de Henrietta Rae 1909

Las Ninfas son entidades intermediarias. La mitología las presenta como jóvenes encantadoras y alegres que habitan en grutas abiertas en la roca, en parajes húmedos y frondosos, en bosques umbríos, junto a lagos y manantiales, en los cauces de los ríos y en todas las fuentes muchas de ellas de aguas termales y medicinales. Amables y risueñas aparecen para deleitar a todo aquel que se acerca a ellas. Aman a los niños a los que amamantan con leche y miel. Son amigas de los viajeros y de todo aquel que tiene deseos de aventura y de conocimiento. Les atraen los espíritus jóvenes, nobles y valerosos. 

Aparecen y desaparecen en los prados, entre las flores. Son divertidas, despiden frescor y se parecen a la brisa. Retozan con Pan, el hijo precioso de Hermes, en las altas montañas y hacen feliz la infancia de Dionisos-Baco. Son hijas de Atlas, vírgenes que atraen por la belleza de su alma a los dioses, como es el caso de Maya, amada por Zeus para ser madre de Hermes-Mercurio, a quien ésta dio a luz justamente en una de esas cuevas. O María, la madre de Jesús quien toma todos los atributos de estas vírgenes.

La tradición popular las ha convertido en hadas, y así las conocemos protagonizando actos mágicos en los cuentos y leyendas más difundidos, donde son nodrizas de princesas, a las que siempre están protegiendo cuando no enredando los hilos de sus destinos. También las vemos reflejadas en santas y heroínas como Santa Margarita o la filósofa Santa Catalina de Alejandría, entre otras muchas vírgenes.

Estas entidades, compañeras y ayudantes de Hermes presiden tanto el nacimiento como la disolución, siendo un vaso comunicante con Zeus, quien en ocasiones transmite los decretos a través de ellas, a los hombres. El juego, la maña y la magia simpática son los medios por los que se manifiestan estas energías naturales. Lo que ratifica la máxima hermética que dice que

"la magia es natural porque la naturaleza es mágica."

Fragmento de una pintura mural donde aparece un dios río enmarcado por dos ninfas. Pompeya Casa de las Vestales


Cuenta la tradición que las ninfas son magníficas tejedoras y que, como materia para llevar a cabo sus labores en el telar, emplean rayos de oro. Homero en la Odisea, nos hace una descripción pormenorizada del lugar donde tienen su vivienda. Dice el poeta que hay en Itaca un puerto situado entre promontorios rocosos y abruptos gracias a los cuales los barcos que arriban allí se encuentran resguardados del fuerte oleaje que mueven los vientos. En el fondo de ese puerto y junto a un olivo se halla una gruta sombría y agradable que es el lugar donde residen las ninfas, en este caso el poeta se refiere a ellas como Náyades, lo que significa que las que allí tienen su recinto y dominio son las ninfas del agua. El interior de la gruta es de cráteras y ánforas y todo tipo de vasijas hechas de roca en las que suelen venir a libar las abejas el néctar, símbolo del alimento que los dioses tienen destinado para dárselo a los mortales y convertirlos en dioses, es decir en inmortales, por lo que esta ambrosía no puede más que ser identificada con la Enseñanza iniciática, verdadero alimento espiritual. Anforas o copas que son para el agua y el vino lo que el corazón del hombre es para esta Enseñanza.

Lo mismo dice el pitagórico Porfirio al señalar que la miel que las abejas fabrican en las cráteras y en las ánforas son un símbolo de las fuentes y por tanto de las ninfas acuáticas y de la pureza de las aguas que éstas presiden, del mismo modo que en Mitra la crátera se ha instituido en lugar de la fuente, es así que
"Fuentes y manantiales están estrechamente relacionados con las ninfas acuáticas y más aún todavía con las almas-ninfas, a las que con propiedad los antiguos llamaban abejas del placer. Por ello, Sófocles con toda justeza dijo sobre las almas: un enjambre de muertos zumba y marcha a lo alto. Y a las sacerdotisas de Deméter, como miembros iniciáticos de la diosa ctónica, los antiguos las llamaban abejas, y a la propia Coré la llamaron meliflua y a la luna por ser protectora de la procreación la llamaban la abeja, y, entre otras razones, porque la luna es el Toro y el Toro es la exaltación de la luna."42

"Hylas y las Ninfas" de John William Waterhouse 1896


Homero, además, nos cuenta que en el interior de la gruta, lugar donde estas ninfas viven y laboran, hay unos largos telares, también de piedra, en los que estas tejen de púrpura y brillos marinos sus mantos que son de una belleza visual inusitada. Allí, lugar de luces y sombras, corren las aguas perennes. Hay en la gruta dos entradas una en el norte que es la puerta por la que descienden a la manifestación los hombres y otra al sur, salida por la que se asciende y que le está reservada a los dioses.

Porfirio, comentando esta parte de la descripción que Homero hace de la gruta de las ninfas, dice que la banda zodiacal sitúa la puerta norte en Cáncer, signo lunar, donde está señalado el solsticio de verano, un paso que propicia el descenso a la generación individual humana, y la otra al sur, en Capricornio, en el solsticio de invierno, acceso reservado a los dioses por donde se produce la salida del Cosmos y la liberación de los seres.43

"Náyade" de John William Waterhouse 

Como es de advertir la descripción que hace Homero de esta gruta, en cuyos alrededores también había una fuente con cuatro chorros que despedían el agua en las cuatro direcciones, no es un invento literario del poeta, sino que éste está describiendo un lugar mítico, arquetipo de todos los templos, no sólo del cristiano o de la logia masónica, sino que se trata aquí de un símbolo universal. Y aunque a nosotros nos llegara la idea del templo-gruta como modelo y matriz del cosmos por medio de los poetas tradicionales y más tarde por los pitagóricos, en verdad esta idea no tiene origen, y lo mismo la encontramos en tradiciones completamente distintas, lo que demuestra que se trata de una enseñanza ligada a la Tradición Primordial y trasmitida ininterrumpidamente hasta nuestros días por una larga cadena de testificación en la que se ha reconocido la energía del mediador Hermes, símbolo de ese ligamen, y en efecto, se halla en esta imagen homérica de la gruta o antro de las ninfas la descripción de un símbolo cósmico y universal y el antecedente del templo-caverna. En realidad estas grutas, anteriores a que se proyectaran los templos, fueron consagradas en distintos lugares y en todas partes donde se reconocía a Mitra, aunque las deidades que lo representaran fueran Pan, Dionisos, Deméter u otros.

La Consulta del Oráculo de John William Waterhous. Tate Britain

Las ninfas como diosas intermediarias representan, en el simbolismo cabalístico, el mundo de Yetsirah. La entrada de su gruta, como puerta de los hombres está en Yesod, la luna, y la de los dioses, en Kether, que asimismo corresponde a la estrella polar en el simbolismo astronómico. En este sentido, ubicadas en el plano intermedio representan una energía que de no ser bien dirigida puede llegar a ser un impedimento para el proceso de conocimiento. Pues no olvidemos que son diosas que frecuentemente se enamoran de los hombres, y es por eso que a veces suponen un freno o una distracción en el camino, ya que son los tramos engañosos llenos de fantasías, a veces son también aquellos periodos que los textos del Programa Agartha describen como de "calma chicha" y de momentos en los que los navegantes de la búsqueda y la aventura del Conocimiento experimentan como que no pasa nada. La inmovilidad se convierte entonces en pura fantasmagoría y desesperanza. Esta nada, por supuesto, no es el En Sof de la Cábala, sino un reflejo invertido donde todo se nos presenta como en vía muerta, una puerta cerrada o una nadería.

"No hay cosa más dura que estar estancado sin recibir el soplo o el viento del Espíritu, o de los espíritus, al menos";

aquí, dicen esos textos, es donde es necesario redoblar las energías y reiterar el rito. De este estado por el que pasa el alma de aquel que está viviendo el proceso de la iniciación es un ejemplo el episodio de la Odisea donde se relata la detención de Ulises durante su viaje de regreso a Itaca, donde está su casa, en la que le espera su fiel y astuta esposa Penélope, quien supo, durante los largos años de ausencia del héroe, defender la hacienda y detener el tiempo mediante el arte de tejer y destejer.
Penélope escribiendo una carta a Ulises, imagen de un manuscrito de las Heroidas de Ovidio


Ulises, retenido en una isla por el amor de la ninfa Calipso, demora su retorno al hogar, al hallar junto a la diosa la paz y el sosiego que le habían faltado en sus nueve años de peregrinaje y duro exilio mientras duró la guerra de Troya. En su gruta la ninfa de voz melodiosa cantaba y tejía y los días pasaban para el héroe en la calma del bosque. Sin embargo, un dios poderoso y atronador como Zeus-Júpiter oyendo los lamentos silenciosos del valiente guerrero de nuevo manda a Hermes para que llevara su decreto a la ninfa Calipso de ayudar a partir al héroe hacia Itaca. Esta, a pesar suyo, obedece al emisario y llevando a Ulises a un lugar donde crecían abetos y chopos, le entrega un hacha de bronce para que con ella pueda talar los árboles con los que construirse una nave, cosa bastante fácil para Ulises que era un maestro carpintero (pues recordemos que son los secretos del oficio que aplicó a la construcción y al montaje de su cama los que sirvieron al héroe como prueba de reconocimiento ante su esposa Penélope, dado que el cambio físico experimentado por Ulises durante tanto tiempo fuera de casa lo hacían irreconocible); es así que una vez hubo reglado a cuerda los troncos cortados, construyó con ellos una balsa y Calipso, indicándole el camino celeste a seguir, con la Polar siempre vista a su izquierda, le manda una brisa de popa.

Estas ninfas son una experiencia del alma vivida sólo por aquel que está haciendo el camino de su realización espiritual y que pretende el regreso a su casa celeste. El agua las representa, tanto la de los lagos como las de las fuentes dulces y medicinales así como las aguas saladas e impetuosas. Asimismo las selvas frondosas y los bosques umbríos, sirven para describir la sensación que se vive en el encuentro con las ninfas y también otras deidades. Se trata aquí de describir el viaje iniciático, tal cual Dante lo hiciera en su obra hermética la Divina Comedia, que como en la historia de Deméter, Dionisos y Orfeo (quien también bajó al mundo subterráneo en busca de Eurídice, su esposa muerta), incluye un descenso a los infiernos, un periodo de purgatorio y finalmente la ascensión al Cielo, siendo ésta la descripción simbólica con la que tradicionalmente se ha descrito el viaje iniciático.

A pesar de vivir en oquedades, los hilos con los que elaboran sus tejidos son siempre luminosos, se trata de los rayos que entran por las dos puertas de su gruta, siendo con esos hilos con los que llevan a cabo su divina confección.

Nota final
Nuestro trabajo se ha centrado especialmente en destacar algunos aspectos de los antiguos misterios de Deméter y Dionisos, ambos insertos en la civilización greco-latina que, a través de la Edad Media, y sobre todo del Renacimiento, continuó hasta adentrarse en los tiempos modernos. Es obvio que estos misterios muestran determinados aspectos esenciales del Cristianismo, siendo el propio Jesucristo quien se convierte simbólicamente no sólo en receptáculo sino en adaptador de aquellos mediante los misterios del Pan y del Vino, Carne y Sangre de la doctrina metafísica y universal, por él mismo nuevamente revitalizada.

Asimismo, la Masonería, heredera también de los misterios ancestrales, conserva y transmite estos conocimientos en la actualidad, haciendo posible su efectividad a través de los símbolos, ritos y mitos de los diferentes grados iniciáticos.

En especial podríamos hacer referencia a la instrucción del tercer grado donde se dice que

"la tumba de Hiram encierra todas las tradiciones perdidas"

y que

"Hiram resucitará".

Asimismo que la

"iniciación será preservada y su perennidad simbolizada por la Rama de Acacia que reverdece encima de su tumba".

También podríamos aludir al ritual que se desarrolla durante la Tenida fúnebre, mediante la cual los masones rinden culto a sus ancestros. Se trata de una Tenida a la que son invitados a participar personas que no pertenecen a la Orden pero que por lo general tienen lazos familiares o de amistad con los fallecidos, pasados "al Oriente Eterno". Es el acto un arcano que tiene que ver con el misterio de la espiga siempre viva y el reverdecer de la cepa. Se trata de aquel momento del ritual masónico en que la cadena de unión aparece rota, pues le falta uno de sus eslabones. Sin embargo, un joven aprendiz, el más tierno brote de la Logia, viene con su savia nueva a revitalizar la cadena haciendo que la Logia toda reverdezca de nuevo. Es en ese momento cuando el Venerable Maestro, hierofante de la ceremonia, pronuncia las palabras mágicas que contienen la revelación del misterio:

"Nada muere", "Todo está vivo".

Las mismas palabras que adquieren su más profundo significado en el rito de exaltación al tercer grado, ritual donde la acacia, siempre viva, es la señal que lleva a descubrir la tumba del antepasado mítico Hiram, vuelto a la vida con cada nuevo Maestro. Siendo de ese modo como, vivos o muertos, los Maestros Masones no abandonan nunca su trabajo con el que pretenden provocar una ruptura de nivel que les permita a ellos y a su través al resto de la humanidad comunicarse con otros mundos, espacios mucho más verdaderos, siendo este el auténtico Arte Real o enseñanza del Hermetismo Masónico.

Otro de los antiguos ritos en honor a la diosa Deméter y a la joven Perséfone que sigue siendo reiterado en el seno de la Masonería por tratarse de un símbolo cósmico, es el referido a los dos solsticios, fiestas rituales que también incluyen a los dos San Juan: el Evangelista y el Bautista, con las que se perpetúan las tradiciones de los colegios romanos que rendían culto a Jano, el dios de las dos caras, una para mirar el pasado y otra al futuro. Durante ese ritual se dice:

"Ahora, llevamos el testimonio de la enseñanza trasmitida por nuestros antiguos. La vida es cíclica y todo aquello que la anima crece y mengua. Y el hombre no es prisionero eterno ni de la tiniebla; hay dos puertas: la puerta de los hombres y la puerta de los dioses."44

En el solsticio de Verano los masones cruzan ritualmente la puerta de los hombres, asistiendo a la plenitud vital del Sol en su cenit, instante en el que desciende hacía el solsticio de Invierno donde se encuentra la puerta de los dioses que conduce a la Luz verdadera.

"Nosotros [los masones] proclamamos que el hombre –microcosmos–, de una estructura como la del Universo –macrocosmos– es como el ritmo de las estaciones: Nace, crece, envejece y muere; pero, ¿no es morir renacer hacia otra forma de vida?"

En este ritual del fuego y de la luz, los masones llevan varios presentes. Uno es la espiga de trigo de la que se dice simboliza el don de la vida, cuyo grano debe morir bajo tierra para garantizar su renacimiento múltiple. Y una vez convertido en pan sea el símbolo del alimento material, de la fecundidad y de los misterios de la vida que permiten descubrir la armonía entre la vida humana y la vegetal.

Otro de los presentes entregado a la luz de la hoguera es el racimo de uvas, porque, como dicen estos rituales,

"gracias a la acción de la luz, las uvas nos traen la esperanza de una lenta transformación interior. Es en la transmutación del agua interior por la fuerza de la luz que el fruto de la viña madurará".

Sin embargo no se completa con ello el ciclo de la uva, sino que

"antes será necesario la vendimia para extraer del fruto toda su esencia. Entonces por la acción de la fermentación, el néctar se transformará en lo que los sabios llamaron Bebida de los Dioses" (…) "esto es el vino que en su interior consigue la síntesis de los contrarios: el agua y el fuego".

La conclusión a todo esto es que de la uva surge, después de una alquimia sutil, un brebaje sagrado que simbólicamente se convierte en verdadero alimento espiritual, principio del Conocimiento y de la inmortalidad. Es el testimonio de la indispensable actividad del espíritu sobre la materia, de la luz sobre la oscuridad. La uva confirma a la Luz como la única auténtica y enseñanza de vida.

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En este seguir los pasos de la diosa caminando por los surcos que ella y su séquito de dioses e iniciados nos han dejado señalado en las estrellas y en sus escritos, la estela nos ha llevado a penetrar, aunque sólo sea en parte, sus misterios. Así ponemos punto final a este trabajo con el que contribuimos a destacar el aspecto femenino del Cosmos. Mª Ángeles Díaz. "En pos de Deméter"

NOTAS

42Porfirio. La Gruta de las Ninfas.
43Ver Homero, La Odisea, XIII y Porfirio, La Gruta de las Ninfas. También René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XXXVI: "El simbolismo del zodíaco entre los pitagóricos." En este capítulo Guénon aclara que aunque los pitagóricos situaran la "puerta de los hombres" al Norte y la "puerta de los dioses" al Sur esto no entra en contradicción con los datos proporcionados por la tradición hindú, y por otras muchas tradiciones, que sitúan la "puerta de los hombres" al Sur y la "puerta de los dioses" al Norte. Depende de cómo se encaren las situaciones respectivas de estas dos puertas: en relación con el orden terrestre o con el celeste. En efecto, "la puerta solsticial de invierno, o el signo de Capricornio, corresponde al Norte en el año, pero al Sur en cuanto al curso del sol en el cielo; análogamente, la puerta solsticial de verano, o el signo de Cáncer, corresponde al Sur en el año, y al Norte en cuanto al curso del Sol".
44Ritual del Solsticio de San Juan de Verano. Ceremonia del Fuego. Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Pintura y Caligrafía en el Zen



El Zen también se trasmite a través del cultivo de las artes. La pintura, la caligrafía, la poesía, la música, la danza, el tiro con arco, la esgrima, los arreglos florales o la ceremonia del té constituyen disciplinas de apoyo a la meditación, con las que el alumno ejercita su cuerpo, su psiqué y su espíritu; son, por tanto, actividades ligadas a la propia realización interior del que las practica, dado que estas artes derivan o tienen su origen en la esencia misma del Zen. "La realización original es una práctica maravillosa", afirma un dicho Zen, mediante la cual se experimenta una evolución hacia el punto de vista universal. 

La pintura Zen es una síntesis entre la caligrafía, la música y la poesía. En ella se contrapone por un lado la delicadeza de los trazos y la fragilidad de los materiales (papel de arroz, seda, tinta), y por otro, la firmeza y el buen pulso que debe poseer (o desarrollar) el que lo ejecuta. Es la impronta, como el fulgor del rayo, lo que debe reflejar el trazo. 

Esta técnica le da a la pintura la apariencia de obra inacabada, o mejor dicho, no retocada, pues no es el perfeccionismo de la obra lo que la convierte en imagen de la Belleza de las cosas: su verdad, siendo ese trazo inacabado el símbolo con que se sugiere la idea de infinito. Por analogía, siempre seremos más ese trazo que surge espontáneo y natural que cualquier imagen acuñada que tengamos de nosotros, como ser fulanito de tal, residente en tal lugar, con ideas políticas éstas o aquellas, empresario triunfador o fracasado social. 


Todo eso son imágenes que no manifiestan nuestra naturaleza, sino una serie de anécdotas que nos hacen aparecer como el producto de un tiempo y unas circunstancias determinadas, pero que en definitiva no son más que contingencias de nuestro ser, es decir, un equívoco que condiciona nuestra verdadera naturaleza búdica.Cuando se llega a aprehender el sentido de la pintura Zen, el trazo es decidido y sin titubeos, reflejándose en él la tranquilidad de quien está acometiendo una acción guiada por un instinto superior al del simple virtuosismo, pues se trata de sentirse partícipe de un gesto primigenio que se perpetúa en la intención del trazo. Es decir: unidos a la idea que lo contiene, que es anterior a la manifestación de ese gesto.


Ese trazo inacabado o abierto, es un indicativo de las múltiples posibilidades de desarrollo contenidas potencialmente en un único gesto, como símbolo del Trazo Primigenio y por consiguiente un símbolo de la verdad incognoscible, Principio que está más allá de la propia creación. Ese trazo abierto es una sugerencia sutil, pero nítida, que nos pone en condiciones anímicas e intelectuales de advertir que más allá de todas nuestras percepciones, el misterio se abre ante nosotros como una clara realidad. "La mayor perfección -dice Lao Tse- debe parecer imperfecta, entonces será infinita en su efecto; la mayor abundancia debe parecer vacía, entonces será inagotable en su efecto". A través de la pintura y la caligrafía, se descubre el Zen. 

El practicante debe integrarse completamente en la obra, como si ésta constituyera una fase de su propia respiración. En el flujo que une la idea o inspiración artística con la propia obra, se halla el hombre como intermediario creador o intérprete, lo cual da a cualquier creación el sentido verdadero de arte. En el arte, tomado como vehículo de Conocimiento del Ser, o del Zen, no tiene cabida el artificio estético, ni ninguna otra clase de falseamiento de la obra ya que ésta es, ante todo, el resultado de la comprensión de las enseñanzas adquiridas por el artista y por consiguiente nunca un objeto separado de él, pues ambos (objeto y sujeto, u obra y artista) forman parte de la misma revelación. Esa es la experiencia vital Zen que no necesita, ni seguramente le convienen, mayores explicaciones.

La Cosmogonía es la obra artística por excelencia, su pálpito, que es la vida, está en todo lo que existe y no tiene fin. Toda esa maquinaria celeste y terrestre está al descubierto y al mismo tiempo hoy nos está velado reconocerla. Se dice que antes de estudiar el punto de vista Zen uno ve las montañas como montañas y las aguas como aguas. Una vez se ha alcanzado mayor conocimiento, se comprueba que ni las montañas son montañas ni las aguas, aguas. Y cuando se llega a la substancia y se siente la sorpresa que es la vida, entonces vuelve a ver las montañas como montañas y las aguas como aguas.

La pintura Zen, efímera y simplista (a veces se pinta también sobre hojas de árbol) es al mismo tiempo muy enérgica en los trazos, lo que le da vida y movimiento, consiguiendo reflejar con la misma intensidad tanto el movimiento (yang) como la más reposada quietud (yin), dado que lo que verdaderamente capta el artista Zen no son las formas, sino la vida que fluye en ellas. Estas dos energías, implícitas en todo, se hallan representadas de manera análoga en la simbología de otras tradiciones, lo que indica que en otro tiempo esto era completamente evidente para todos los hombres. Paradójicamente, hoy, no habiendo cambiado nada de esa realidad, los hombres no somos capaces de advertirlo y son necesarios métodos y disciplinas que nos ayuden a recuperar de nuevo esa perspectiva del mundo.14 Se dice que "la iluminación (la Verdad) existe, y si nada le sugerimos quizá se nos revele como muy diferente". 



En una de sus pinturas, en la que se ve un mono colgado de la rama de un árbol que cae sobre un estanque donde se ve reflejada la luna, el maestro Hakuin, escribió los siguientes versos:"El mono trata de alcanzar la luna reflejada en el agua.No se dará por vencido hasta que la muerte le derrote.Si fuera capaz de soltar la rama y hundirse en el estanque,El mundo entero brillaría con claridad deslumbrante".También se pintan historias donde se captan situaciones vividas por antiguos maestros y que constituyen enseñanzas expresadas en forma de leyenda en imágenes, y algunas suelen ir acompañadas de poemas. En una de estas pinturas se ve a un monje calentándose en una fogata alimentada con la madera de una estatua de Buda. Sobre esta pintura se cuenta la siguiente leyenda: "Tan Hsia, un monje vagabundo, llegó a un templo abandonado una noche muy fría de invierno. Soplaba el viento y caía la nieve, Tan Hsia decidió que el mejor servicio que podría prestar a Buda era darle calor, y quemó un Buda de madera que había en el Templo para calentarse".


La pintura Zen muchas veces representa a los maestros en actitudes poco dignas, como limpiándose las orejas, harapientos y burlones, lo que indica, una vez más, que al camino del Zen le sobran las reverencias y el ceremonialismo. A través del arte el Zen promueve iniciar al alumno a captar el hálito del mundo. Cualquier cosa, y todas las cosas, lo manifiestan. Bastaría con que fuéramos capaces de contemplarlas con serenidad inteligente y veríamos que todas están completamente armonizadas. Se trata de reeducar nuestra visión del mundo, de modo que podamos darnos cuenta de esa realidad mágica, pues permanece oculta ante las miradas de todos. 

El buen observador, cuando contempla las cosas con los ojos de la inteligencia, no sólo mira o ve, también oye y escucha, huele y saborea, y todo eso a la vez que respira y siente. ¿Y acaso ese observador podría ser otra cosa fuera de todas esas percepciones? ¿Dónde situaría uno, cuerdamente, el límite de su individualidad? ¿No es acaso el que contempla el continente y contenido? ¿Y no es acaso la unidad de formas y sensaciones lo que percibimos y nos envuelve? Es por eso que sentirse fuera de esa cosmovisión convierte al ser humano en "desterrado" de su propia realidad trascendente. Mª Ángeles Díaz "Notas sobre el Zen" 

martes, 29 de agosto de 2017

Dionisos-Baco de grito primigenio


 Dionisos con tirso Guillaume Coustou 1677-1746.


Dionisos es otro de los grandes dioses venerados en todo el mundo grecolatino quien pasó a ser conocido también con el nombre de Baco. Su culto se extiende por todas las regiones del Mediterráneo aunque es Nisa el lugar que se da como lugar de su nacimiento. Sin embargo esta ciudad de Nisa no deja de ser sino un lugar mítico ubicada tanto en el Parnaso, como en el Helicón, en Delfos, Eleusis, Tebas, Eubea y otras varias regiones. En realidad se dice que el nombre de Nisa proviene de Dio-Niso o Nisa Divina, como la llama Homero en una de sus rapsodias27, es decir que estas diferencias en cuanto a los lugares de su nacimiento, designan sitios donde este dios era venerado por ser uno de sus dioses fundadores,28 como lo era Deméter, ambas deidades completamente impregnadas de un simbolismo vinculado con los distintos aspectos de la agricultura, a la que nos hemos referido como agricultura celeste, pues no sólo es la semilla al salir a la luz haciendo florecer los campos lo que anuncia el regreso de Perséfone sino que una estrella, la más brillante de la constelación de Virgo llamada Spica (Espiga) aparece en el cielo anunciando el acontecimiento de la Primavera. Y otra estrella de la misma constelación, Vindemiatrix, asciende en el cielo justo en el momento en que las uvas ya están a punto para ser cosechadas. Es por eso que el nombre popular dado a esta estrella es "la vendimiadora."

Dionisos es un dios inabarcable, sus múltiples nombres, referidos a sus otros tantos aspectos, así lo ponen de manifiesto. Como a Deméter, a él también se le construyeron numerosos santuarios, constituyendo las fiestas celebradas en su honor grandes acontecimientos populares que repartidos a lo largo del año, igualmente ordenaron el calendario romano entreverando el ciclo anual de alegría y divertimento. Aunque con el tiempo, y a medida que se fue perdiendo el sentido profundo y espiritual que estos actos festivos tenían, la propia desproporción del festejo fue acabando definitivamente con ellos, especialmente los conocidos como Bacanales, unas fiestas nocturnas trienales en las que al principio solo participaban mujeres, entre otras cosas porque Dionisos es el dios que con más fuerza representa el espantoso y cruel trance de los partos, cuando el dolor y la sangre se mezclan con el amor y la luz. Es este un brete por el que todo ser humano pasa siendo esa madre que pare la que da al niño tanto la vida como la muerte, ya que ambas nacen al mismo tiempo con cada uno de nosotros. 

Es por eso que las Ménades, compañeras de Dionisos, tanto secuestran, persiguen y atemorizan a los infantes como los alimentan. Con el tiempo este rito de las Bacanales terminó por sucumbir a la exageración, degenerando de tal modo que llegaron incluso a ser prohibidas por las leyes romanas. Sin embargo esta degeneración populista y exotérica en la que cayó Roma tras haber perdido el sentido trascendente y universal representado en sus dioses, en cuanto que son aspectos de la Unidad, no impidió que los misterios simbolizados por Dionisos-Baco continuaran irrigando el alma de los pueblos influidos por el dios, y por consiguiente que la doctrina iniciática y sapiencial representada por él continuase. Los Centros consagrados a Dionisos representan un importantísimo eslabón de la cadena iniciática de Occidente, pues se trata de un dios directamente injertado o enraizado en la tradición Primordial, siendo Orfeo, el rapsoda mítico, a quien se debe la creación de los ritos destinados a invocarlo. Orfeo, a quien perfectamente puede identificarse con Dionisos, es el impulsor de los Misterios dionisíacos, del mismo modo que el Pitagorismo supuso una nueva readaptación de estos misterios, por otro lado conocidos desde siempre, de ahí que las iniciaciones debidas a Dionisos sean llamadas igualmente órficas. Se trata aquí de sendos ejemplos que documentan los cambios y renovaciones periódicas a los que se ha visto abocaba la tradición para renovar su mensaje, conservándose siempre en la tradición emergente lo más esencial de aquella a la que sustituye. 







Hijo de la musa Calíope, la de los cantos sagrados, Orfeo recibió la lira de Apolo quien a su vez la recibiera de Hermes, componiendo con ella la música y la danza que servirían para invocar a Dionisos. Pues es así con danzas circulares y ritmo frenético, los llamados ditirambos, como se celebra al dios. Las mismas danzas y giros se hacían en torno al trono de Deméter. Podríamos decir que tanto la tradición de Dionisos como la de Deméter, suponen un nudo o lazo que religa los ancestrales cultos y misterios y prefigura las nuevas grandes formas que ha ido adoptando la tradición iniciática de Occidente para continuar vehiculando a través de sus ritos, mitos y símbolos, el Conocimiento espiritual. Nos referimos claro está al Judaísmo, el Cristianismo y a la Masonería. En especial existen en relación con la diosa de las espigas y el dios del vino, un vínculo evidente con los misterios de la Eucaristía que instituyó Jesús mediante el pan (cuerpo) y el vino (sangre-espíritu), ambos productos vegetales naturales, pero elaborados y fermentados por el fuego. Dionisos-Baco a quien como a Jesús también se le atribuyen prodigios de mutar el agua en vino,29 cuenta con numerosas leyendas; una de ellas, la más difundida, es aquella que le hace vástago de Zeus y de la princesa Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas.










 Cuenta esta leyenda que Zeus cautivado por la belleza de la mujer quiso que ésta concibiera un hijo suyo. Un día, cuando aún no se había cumplido el tiempo de gestación, Sémele, influida malévolamente por Hera, pidió al dios que se manifestara ante ella con todo su esplendor. Zeus accedió y la madre de Dionisos quedó inflamada con las llamas que su olímpico compañero despedía.

"Pídele –le dice la diosa a Sémele– que con toda la grandeza y la gloria que tiene cuando Juno (ella misma) lo recibe, con las mismas te dé sus abrazos vistiéndose con sus galas distintivas."30
Antes de que Sémele ardiera totalmente, Zeus tomó al hijo del vientre de la madre y se lo implantó en su muslo donde él mismo acabó de gestarlo. Es por eso que Proclo en su himno al Dios dice:

"Cantemos un ditirambo a Dionisos porque procede de dos casas: de la de Sémele y la del muslo de Zeus."

Autores modernos que relatan este hecho quieren encontrar en él un paralelismo con el nacimiento de Atenea, diosa parida por la cabeza del propio padre Zeus; sin embargo, este hecho se explica teniendo en cuenta que para los antiguos egipcios la Osa Mayor era llamada la constelación del Muslo lo cual corrobora la idea de que Dionisos es un dios primordial. René Guénon se refiere a este hecho extraño diciendo que esta leyenda según la cual el nacimiento de Dionisos se produce después de haber sido gestado en el muslo de Zeus,

"descansa sobre una asimilación verbal de las más curiosas: el término mêros, muslo, ha sustituido a Mêru, la montaña polar, al cual es casi idéntico fonéticamente."31



El Mêru es para los hindúes un monte celeste y mítico además de eje del Mundo, pues representa la parte de la tierra cuya prominencia más se acerca al Cielo. Idéntico significado tuvo para los persas el monte Alborj, o para los hebreos el Sinaí y Moriah, el Qaf para los árabes o el Uluru para los aborígenes australianos. Las vicisitudes para que el niño sagrado crezca y se desarrolle no se acaban con este segundo nacimiento ya que Zeus se ve obligado a ocultar a Dionisos a su esposa Hera, por ser ésta, como hemos dicho, tan terriblemente celosa del orden matrimonial. Por lo que Zeus confía al recién nacido a su otro hijo, Hermes, nacido de su relación con la Pléyade Maya. Pues se da la sorprendente circunstancia de que Hermes es el único de los hijos que Zeus tuviera fuera del matrimonio con Hera a quien la diosa estima y el único que incluso alimentó con su propia leche. El encargo que Hermes lleva de Zeus es el de entregar al niño dios Dionisos en los brazos de la hermana de Sémele de nombre Io o Ino, quien tenía un hogar con su marido Atamante y sus dos hijos. Se cuenta que Hermes persuadió al matrimonio para que criasen a Dionisos como si fuera una niña, para que no pudiera ser reconocido por Hera. Aunque es este un hecho simbólico que se relaciona con el carácter hermafrodita de la deidad remarcado en estas palabras que le dedica Ovidio:

"Porque tú gozas de juventud imperecedera, tú eres el eterno niño, tú bellísimo, eres admirado en el alto cielo, y tu rostro, cuando te muestras sin cuernos, es como una virgen"32

Sin embargo la diosa que acaba por enterarse del paradero del niño trama contra éste un plan perverso: volver locos a los dos tutores del pequeño para que sean ellos mismos quienes acaben con la vida de su protegido. Hera no consigue llevar a cabo totalmente su plan pues la pareja, enajenada por la diosa, en lugar de dar muerte al pequeño Dionisos-Baco, mata a sus dos propios hijos. Hermes siempre atento a la suerte del infante lo rescata y lo entrega a las Ninfas, a quienes deja el cuidado de proteger y educar en adelante al joven dios. Con el tiempo, dice la leyenda, que Dionisos iría al infierno donde ardía su madre, la mortal Sémele, inflamada en las llamas ardientes de Zeus, para liberarla y ya por el hijo convertida en diosa la condujo junto a los inmortales. La nutrida mitología en torno al dios es inconmensurable en cuanto a leyendas, todas ellas llenas de múltiples significaciones herméticas de modo que gran parte de los anales de la historia tanto mistérica o iniciática como popular de los pueblos de Occidente podrían ser contados siguiendo las huellas del dios. Orfeo le llama de varias maneras, uno de esos nombres con el que se refiere a Dionisos es el de Lisio Leneo, inventor y protector del lagar;

"memorable germen, glorioso, deidad liberadora, retoño sagrado y secreto de los dioses, piadoso Baco, nutricio, fecundo, que acrecientas la grata cosecha, y surges de la tierra en estallido, Ineo, vigoroso, multiforme, que te muestras a los mortales como remedio eliminador de las fatigas, sagrada flor, dios de la alegría."33

Los griegos destinaron en su calendario varios días para celebrar este aspecto del dios estableciendo las llamadas fiestas Leneas o fiestas de los lagares y del prensado de la uva, en diciembre, durante las cuales se ofrecían al dios los vinos nuevos. A finales de febrero se celebraban las Antesterias o fiestas floridas, en las que se probaba el vino de la última cosecha y se festejaba el regreso de Dionisos de los infiernos donde fue a rescatar a su madre. Estas duraban varios días en los que se celebraban festivales y se realizaba el anteriormente enunciado ditirambo dionisíaco. 

Rito que consistía en una danza alrededor de un altar en el que había depositado un carnero inmolado al dios. Estos danzantes denominados trasgos, al tiempo que bailaban, cantaban y recitaban. Es así que los cortejos dionisíacos han sido reproducidos en las Bacantes de Eurípides y descritos como incluyendo música, danza, frenesí y exaltación en los ritos campestres en los que se venera a Dionisos como dios de la vendimia. Y no sólo la comedia sagrada, la música y los coros tienen en los ritos de Dionisos-Baco su fuente de inspiración, sino que ellos nos sitúan en el inicio del teatro griego y por extensión del teatro occidental. Con el tiempo el ditirambo se realizó tanto en representaciones dramáticas como en comedias. Hoy en día por ditirambo se conoce a las composiciones poéticas inspiradas en un arrebato de entusiasmo y escritas en variedad métrica. 

Sin duda todo ello tiene relación con la lira de Orfeo y con la idea de contrapunto, como una forma o arte de unir los contrarios. Asimismo la palabra trasgo ha pasado a nuestro vocabulario designando un espíritu travieso y niño, vivo y enredador, todo lo cual le cuadra perfectamente a uno de los aspectos más conocidos del joven dios Dionisos. Pero Dionisos es sobre todo el espíritu del vino, es la pasión, el ímpetu y la vehemencia que provoca el vino. Este espíritu de fuego se deja conocer después de que se ha extraído o evaporado parte del líquido de la uva. Todo esto requiere una técnica sublime, pues criar o crear un vino es ver nacer una entidad, y por tanto para una mentalidad sagrada es colaborar con la obra del Creador. En cuanto a los misterios del vino simbolizan el Conocimiento y la doctrina tradicional. Guénon dice al respecto que 

"el vino es a menudo tomado para representar la verdadera tradición iniciática: en hebreo, las palabras iaïn, 'vino', y sod, 'misterio', se sustituyen una a otra, en cuanto tienen el mismo número; entre los Sûfis el vino simboliza el conocimiento esotérico, la doctrina reservada a la élite y que no conviene a todos los hombres, lo mismo que no todos pueden tomarlo impunemente. Resulta de ello que el empleo del vino en un rito confiere a este un carácter claramente iniciático; tal es especialmente el caso del sacrificio 'eucarístico' de Melkisedeq", nombre que en la tradición judeo-cristiana recibe "el Rey del Mundo" cuyos atributos son la Justicia y la Paz.34 Es así que Deméter, la diosa de las espigas y del pan, alimento principal de los pueblos de Occidente, y Dionisos, dios de la vid y del vino, están presentes en la figura simbólica de Melki-Tsedeq, al que según el Antiguo Testamento se le atribuyen los misterios del pan y del vino. En cuanto a las dificultades para sobrevivir que tiene Dionisos desde su más tierna infancia, señalan uno de los momentos cíclicos en la historia del cosmos entero, prefigurando el arquetipo de otro drama y de otro niño dios también perseguido siendo infante, no por Hera sino por Herodes. Se trata de Jesús, nacido en Belén, la "Casa del Pan", cuya sangre sacrificial, siendo ya hombre, se simbolizó con el vino mientras su cuerpo, símbolo de la doctrina resucitada por él, se simbolizó con el pan. 

Está claro que el espíritu travieso y animoso del vino no a todos sienta bien ni todos pueden tomarlo con impunidad. Recordemos que uno de los epítetos de Dionisos-Baco fue el de dios loco, debido a los efectos que su embriaguez producía. Aunque sabido es que, como lo dice W. Blake, a través del exceso también se puede llegar al palacio de la Sabiduría. No se trata aquí sino de un exceso ritual pues el vino, como las plantas alucinógenas, incluso el tabaco o ciertas pócimas, han sido consideradas por los pueblos tradicionales plantas sagradas capaces de abrirnos aquellas puertas de la percepción de que hablaba Huxley; y por tanto su ingestión ha estado enmarcada dentro del acto ritual. Una vez perdido el respeto a la planta o sobrepasados sus límites, que son las medidas justas que tienen todas las cosas, éstas se vuelven contra aquel que las profana. En cualquier caso es obvio, como dice Walter F. Otto, que sin un poco de locura no hay creación. Así habla Otto de Dionisos:

"es el dios frenético. Por él danzan frenéticas las Ménades. No hay que preguntar por la razón de su trastorno y su fiereza, sino por el significado de la demencia divina. ¡Un dios furibundo! ¡Un dios cuya esencia forma parte de la demencia!",

y se pregunta:

"¿Qué habrán vivido o visto estos hombres para que una noción tan monstruosa se abriese paso en sus mentes?"

Y él mismo se responde que el rostro de cualquier dios auténtico es el rostro de un mundo.35 Dionisos es el dios alegre, dios del brindis, el dios que abarca todo lo vivo y el que se burla de la mansedumbre y de la entrega resignada a favor de un tipo de decoro establecido socialmente; especialmente este simbolismo pone de manifiesto esa actitud tan característica de ciertas mujeres, afanosas siempre de sus tareas domésticas y poco inclinadas al trabajo interior y a la filosofía. Es por eso que de las mujeres dionisíacas que formaban su cortejo y que se entregaron de forma ritual a su demencia, se decía que por seguirle habían abandonado la esclavitud de la rueca y el telar. Es sin embargo la inteligencia de Ariadna, (una identificación de Afrodita y Deméter y venerada como ellas en ciertos santuarios), inventando la manera de salvar a Teseo de la cárcel que supone el laberinto al que éste entra a matar al Minotauro, la que inspira en el Dios del vino el amor hasta el punto de hacerla su esposa, siendo por esa unión que Ariadna, una mujer mortal, reinará por siempre coronada por su esposo en el Olimpo. 
 Y es así, en forma de diadema como podemos distinguirla en el firmamento; se trata de la pequeña constelación de Primavera conocida como Corona Boreal, porque la forma que tiene la disposición de las estrellas que la integran es justamente la de la diadema de Ariadna.36 Marsilio Ficino siguiendo a Proclo y refiriéndose a la doctrina de Dionisio Areopagita (autor de los Nombres Divinos y La Jerarquía Celeste) dice:

"Nuestro Dionisio expresa su euforia en la embriaguez de este vino dionisíaco. Escancia enigmas y canta en ditirambos. Para penetrar en las profundidades de sus significados, para imitar su forma de hablar casi órfica hay que conocer la furia divina."

Nicola Poussin. Dioniso, Hermes y las Hiades 

Dionisos, como Hermes con su caduceo, simboliza las dos energías del Cosmos, por tanto los extremos de las cosas, lo femenino y lo masculino, lo oscuro y lo luminoso o el yin y el yang, según el conocido símbolo de la tradición extremo oriental, y por eso mismo también es un símbolo que tiende a resaltar la necesidad de hallar la medida de todo, la justa proporción cuyos sinónimos son equilibrio y justicia. Por eso dicen del vino que tomándolo sin medida consume los nervios, en cambio con templanza reúne las fuerzas perdidas. Su rico simbolismo, se resume y se reúne en sus dos aspectos polares, lo que representa una enseñanza de lo que significa la necesidad de unir siempre los opuestos, ya que en esa unión es donde de verdad se encuentra la esencia de la deidad. 
Los artistas tradicionales, tanto poetas como literatos, así como pintores, escultores, etc. nos muestran la figura de Dionisos adornado con racimos de uva. Otras veces con el tirso, esto es, un báculo al que se le enreda hiedra y que en ocasiones está rematado por una piña37, siendo ambos vegetales, hiedra y piña, también plantas identificativas del dios. Este tirso sacudido por las Ménades durante los rituales en honor al dios, simboliza el eje en torno al cual se enrosca la hiedra, lo cual lo identifica con el caduceo de Hermes al que también se enroscan dos serpientes.38 Pero en este caso el tirso es además de ese eje una vara con la que el dios sacude a sus adeptos con el fin de despertarlos de su letargo y conducirlos por el camino de la luz y del Conocimiento (lo cual también comparte con Hermes). Es esta acción belicosa (pero necesaria en determinados momentos del proceso iniciático), de portar el tirso, la que le hace decir a Orfeo que Dionisos lo empuña y que con él va armado y profundamente irritado;39 cosa que hace que este dios pagano, inserto en la médula del Hermetismo, esté también cercano a la paradoja oriental de las enseñanzas del Zen. Asimismo se representa a Dionisos con dos rostros, de modo que unas veces es un viejo barbado de rasgos ásperos y otras un joven alegre, risueño y sensual. Se trata con todas estas representaciones artísticas de resaltar un arte mayor: la enseñanza simbólica vehiculada por el dios que señala lo imprescindible de unir siempre los contrarios, en este caso la experiencia y la sabiduría del Dionisos anciano y el vigor y virginidad del adolescente. 


Esta imagen de vejez y juventud es precisamente la del perfil del alquimista, que es un puer senex, es decir un niño-viejo. Existe todavía otra leyenda cretense también muy difundida donde Dionisos es Dionisos Zagreo, quien también aparece como hijo de Zeus pero en este caso engendrado por la secreta unión con Perséfone, su propia hija. En esta versión del mito se cuenta que la esposa de Zeus, Hera, enterada del nacimiento de Dionisos manda a los Titanes para que lo maten. Estos, una vez se apoderan del tierno infante, al que atraen con malas artes abusando de su ingenuidad (pues lo engañan mostrándole algunos juguetes, tales como el trompo, la pelota, el espejo o el juego de tabas), lo descuartizan y se lo comen. Sólo el corazón, dicen algunos textos tradicionales, es recogido por Atenea quien lo entrega al padre, Zeus. Este, terriblemente encolerizado por la fatalidad sufrida, con su rayo fulminante destruye a los titanes hasta convertirlos en cenizas. Se dice que de estas cenizas, que contenían tanto la naturaleza del dios como la de las furias titánicas, nació la presente humanidad, que tiene por eso mismo naturaleza animal y divina. Este mito está muy ligado a los misterios egipcios de Osiris, cuyo cuerpo de dios, descuartizado por Seth es reconstituido por Isis, es decir por la Sabiduría.  Mª Ángeles Díaz  En pos de Deméter